HOFFMEISTER: SONATAS CLARINETE-PIANO


HOFFMEISTER: SONATAS CLARINETE-PIANO

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HOFFMEISTER: SONATAS PARA CLARINETE Y PIANO

David Arenas, clarinete y Belén González-Domonte, piano

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Las seis sonatas para clarinete y piano componen una colección de obras editadas en 1812, el año de la muerte del compositor. Son únicas porque constituyen un ciclo para los tres clarinetes soprano del momento, do, sib y la, en una época donde la formación a dúo por antonomasia era el violín y piano. Si bien hay más ejemplos de composiciones para la misma formación en la época (Vanhal, Devienne, o Danzi), o bien no escribieron tan cantidad de sonatas, o no se editaron como ciclo, y otras veces se efectuaron para clarinete y bajo continuo, sin la parte del piano realizada (Sciroli, Lefevre). Por ello las seis sonatas para clarinete y piano de Hoffmeister resultan ser un conjunto inédito de obras pudiendo compararse, salvando las distancias,  a los ciclos de sonatas para violín y piano, o violonchelo y piano de los grandes clásicos.

Las sonatas se encontraron en una vieja edición del archivo de la "Sociedad de amigos de la Música" de Viena bajo el título de "Seis Dúos para Pianoforte y Clarinete de Fr. A. Hoffmeister". Fueron compuestas en diferentes tonalidades en el siguiente orden: Re Mayor, Fa Mayor, Sol Menor, Do Mayor, Mib Mayor y La Mayor. Las cuatro primeras fueron concebidas originariamente para el clarinete en do, de timbre más brillante, la 5ª para clarinete sib y la sexta para clarinete en la.

Dado que el instrumento de la época contaba tan solo con 5 llaves, se usaban indistintamente los tres tipos de clarinete soprano para poder interpretar en las tonalidades con más alteraciones, práctica habitual en la orquesta. En las ediciones actuales, debido al casi total desuso del clarinete en do, se han respetado los tonos originales de las sonatas, adaptándolas a los clarinetes sib y la. Así, la sonata en Fa Mayor, Sol menor y Do mayor se interpretan con el clarinete en sib, y la sonata en Re Mayor con el clarinete en la.

A excepción de la sonata en Mib Mayor, (de dos movimientos), todas contienen tres movimientos: allegro, lento y rondo, con la otra excepción del movimiento final en minueto de la sonata en Do Mayor. El movimiento allegro inicial es extenso en casi todas las sonatas, elaborado con materiales diversos y largas transiciones, los movimientos lentos contrastan con los primeros, mucho más líricos, recordando a fragmentos de ópera, especialmente el Andante de la sonata en Sol Menor. El Andante cantábile de la sonata en Fa Mayor se asemeja a un minueto, aun sin tener la estructura del mismo. Los rondos finales, de diversa duración, devuelven el carácter jovial. Los que cuentan con más episodios son las sonatas en Re Mayor y La Mayor. Todos ofrecen un carácter conclusivo y brillante a las sonatas.

Estéticamente, el conjunto de las sonatas tienen parecidos a algunos pasajes de las obras de Mozart y Beethoven, una afinidad lógica por el talento, la familiaridad y amistad que unía Hoffmeister a sus ilustres contemporáneos. (Michèle Dufour: Profesora de Estética y Sociología R.C.S.M.M.)

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